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La imagen suelta que encontraremos entre las páginas de la nueva edición de Entre cero y ocho mil metros es como el hielo: si se mira rápido, es solo un momento feliz congelado. Pero quien tenga tiempo para observar verá gotear la historia del mentor y del discípulo que se deshace días después en un accidente.

Si la tenéis entre las manos, no tratéis como un simple cartón la foto anaranjada de un alpinista con ropa anti- gua que acaba de clavar el piolet en una cima. Dice el pie: Hermann Buhl en la cumbre del Broad Peak el 9 de junio de 1957. Al fondo, el Gasherbrum IV. Kurt Diemberger capta esta imagen de su amigo con la magia de la puesta de sol.

La biografía de Kurt Diemberger –Entre cero y ocho mil metros– ha vuelto a las librerías veintidós años después de su primera publicación en España con un marcapáginas en el que se reproduce una foto muy es- pecial. Kurt dice de ella en un correo electrónico: “Es mi gran amigo Hermann en el máximo momento de felicidad en la cumbre del Broad Peak con la puesta del sol. Para Hermann también fueron minutos de máxima elevación espiritual en la cumbre de su segundo ochomil”.

Lo avisa el fotógrafo de montaña Robert Bösch: hay que tener mucho cuidado cuando uno ve una imagen porque el primer reflejo es fiarse de lo que nos dicen los ojos –en este caso, lo obvio: foto antigua, prueba de cumbre al uso–. “Sin embargo, las mejores informaciones se obtienen de alguien que sepa mucho de ese tema”. Así pues, para entenderla, hay que acercarse a Diemberger.

 

Lee aquí el texto completo.

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