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Se lee sentado, pero el efecto de algunos libros ha llevado a muchos hasta la cima de las montañas. Por admiración o por envidia, a veces las historias de papel han sido el botón para poner en marcha grandes proyectos alpinos.

Cuando la escritora canadiense Bernadette McDonald empezó a investigar sobre la mejor generación de escaladores que ha dado Eslovenia, en muchas entrevistas aparecía un mismo libro citado una y otra vez. Al principio no le hizo mucho caso: “La primera vez que reparé en él fue en 2006, mientras investigaba para una biografía de Tomaž Humar”, cuenta en la introducción de Guerreros alpinos, el volumen en el que después ha reunido su trabajo.

“Recuerdo bien el día. Tomaž estaba de pie junto a la ventana de su sala de estar, con un libro en la mano. La luz de última hora de la tarde proyectaba un reflejo dorado en la gastada cubierta del libro. Él lo acariciaba mientras con sus exageradamente grandes manos iba dándole vueltas. Me lo pasó. Sus páginas eran finas y estaban rotas. Algunas tenían manchas. Vino, pensé. ‘Una de mis preciadas posesiones’, dijo”.

Bernadette McDonald tomó nota del título en su cuaderno. No imaginaba que volvería a él en el futuro porque guardaba las claves para entender los proyectos más vanguardistas del alpinismo esloveno.

 

Lee aquí el texto completo.

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