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Reportaje gráfico publicado en Wikidiari

Cerca del Himalaya, junio de 2013. Un grupo de señoras apretadas en el suelo de una clase pronuncian con esmero: Mi-tra Kun-ja. Lo que, traducido al nepalí, significa Amics del Nepal, el nombre de la ONG catalana que les enseña a leer y escribir a ellas, todas mujeres, todas analfabetas, todas residentes en Katmandú, la capital del país.

A Gira, Jamuna y Kusum aún les tiembla la voz y el lápiz cuando están en clase, pero tienen tres meses de lecciones por delante para pulir las nuevas habilidades. Mientras, los responsables de la ONG hacen sumas que no cuadran: faltan fondos para terminar el curso y garantizar que Gira y sus compañeras lean con soltura y escriban al ritmo de un dictado, objetivo final del programa.

El dinero se exprime y las alumnas se gradúan en octubre. Después, el proyecto termina. No hay presupuesto para más. Ni habrá siguiente tanda de estudiantes ni más lecciones en 2014.

A la derecha de esta historia se encuentra el analfabetismo femenino en Nepal, un país patriarcal con veintiséis millones y medio de habitantes donde el 42% de las mujeres no sabe leer ni escribir. A la izquierda, la crisis de las ONG catalanas que ofrecen ayuda, que en seis años han perdido gran parte de los fondos que recibían del Estado. Los presupuestos de la Generalitat asignaban 67.4 millones de euros a la partida de Desarrollo y Cooperación en 2008. En el presupuesto del año en curso, el montante es de 6.2 millones: un 90% menos.

Amics del Nepal asume el tirón de orejas y reconoce un fallo común a muchas ONG: depender de los fondos públicos para emprender proyectos más grandes de lo que podían abarcar con las cuotas de los socios. “Hemos cometido un error de principios, porque una organización no gubernamental debe ser independiente. En el momento en que te atas a un gobierno, caes en un contrasentido”, lamenta Sofía Massuti, presidenta de la Junta de la organización. “Hemos caído todos, no hemos tenido los pies en el suelo”.

Para este año han vuelto a centrar su actividad sólo en los niños, el objetivo primigenio con el que arrancaron como ONG hace años. Metas sencillas para tiempos difíciles. Y movilización de socios como objetivo principal. Los libros para mujeres, los dictados y el bagaje acumulado estarán de vacaciones forzadas hasta que llegue el momento de diversificar otra vez. “Las clases de alfabetización son el proyecto en que los resultados son más tangibles”, dice Masutti, y así es: al principio, entran en clase mujeres a las que incluso les cuesta agarrar un lápiz. Al final, salen señoras que firman con su nombre, leen en voz alta y realizan gestos antes imposibles, como marcar el número correcto en un teléfono móvil.

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