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Publicado en El diario.es

A Tarun Agrawal (27) le dijeron que si quería conocer a la chica. Ella estaba nerviosa y no preguntaba, sólo atinaba a responder a las cuestiones torpes que él le hacía: “¿Dónde has estudiado? ¿Qué te gusta hacer por las tardes?”. Las familias se habían entrevistado y aprobaban el matrimonio entre ambos. En el poco rato que pasaron juntos, Tarun descubrió que ella no tenía buen nivel de inglés y que tampoco era tan guapa como había imaginado. Después, su padre le anunció que tenía diez minutos para decidir si la quería como esposa. “Pensé que me daría una noche para pensarlo”, reconoce. A causa de la urgencia, o gracias a ella, dijo sí.

–Sí, me caso con ella.

Los matrimonios arreglados son una práctica frecuente en la India. No son enlaces infantiles ni bodas forzadas, sino una evolución de lo anterior, aunque la idea choque con el patrón occidental del amor romántico. Los padres buscan candidatos, se entrevistan con sus familias y comprueban que tienen el carácter, la posición y el contexto que desean para sus hijos. Luego éstos eligen entre la lista de aspirantes que han pasado el filtro parental.

“Creo en el amor después de la boda, no antes”, explica Tarun, que confía en contratar a un buen profesor de inglés y en aprender a valorar los encantos de su prometida después del enlace. “Si no, ajustarse el uno al otro es también una forma de querer”. Los próximos tres meses son la época central para contraer matrimonio en la India, un acontecimiento imprescindible para las familias que mueve un negocio jugoso que crece a un ritmo superior al 25% anual. Se estima que este año se unirán entre ocho y diez millones de parejas en el país, aunque no hay estadísticas fiables que midan cuántas bodas serán como la de Tarun.

Si la prensa sirve de termómetro, el diario inglés más leído del país, The Times of India, publica cada domingo una sección de dos páginas con reportajes y anuncios matrimoniales para encontrar novios y novias al gusto de todos los padres. La apariencia, el empleo, la casta y la educación son los parámetros básicos. Si se toma la publicidad como indicativo, una marca financiera anuncia créditos con la foto de una señora preocupada: “Quiere casarse con mi hija y ni siquiera tiene una casa”. La solución: pedir un préstamo, “una vivienda propia siempre te hace más atractivo como candidato”.

La boda de todos

A Tarun no le gustan los anuncios del domingo ni las páginas de contactos de internet, que también florecen alrededor de la industria de los matrimonios arreglados. Prefiere el método tradicional en el que la familia utiliza su red de conocidos para intercambiar los currículos de los jóvenes casaderos. Las reglas en este tipo de enlaces marcan que los padres, tíos, abuelos y allegados deben implicarse para asegurar la felicidad de la pareja: “Como nos han ayudado a elegir, se sentarán con nosotros y se involucrarán si en el futuro tenemos un problema matrimonial. Uno está solo si se casa por amor”.

Kalpita Soni tiene veintitrés años, en breve terminará la carrera de Ingeniería Informática y busca marido. Su padre le enseña perfiles desde hace seis meses y ya han recibido a varias familias en su salón, pero aún no han dado con el buen candidato. Quieren un chico sin hermanos mayores para evitar que sus mujeres vivan en casa y traten de mandar sobre Kalpita. Si hay hermanas no importa, un día se irán de allí.

El modelo de familia extensa es frecuente en la India, lo que significa que varias generaciones comparten hogar. Los hijos permanecen, las hijas se mudan a la vivienda de los suegros después de la boda. “Soy una chica rica, bien asentada y con sirvientes. Si me voy a una familia que esté un paso por delante de la mía, me adaptaré sin problemas”, cree Kalpita. Si tuviera un hermano, cuenta, le buscarían una novia con un poder adquisitivo menor para que también se cambiara de hogar contenta.

El yerno perfecto

“Hoy se casa mi novia”, suspira Suraj, aunque éste no es el verdadero nombre de quien confiesa su mal de amores. Los padres de su chica querían un yerno con un buen empleo y él intentó hacer carrera en la ciudad de Bangalore, bastión del sector informático en la India. Luego se trasladó a la ciudad de Ahmedabad y mejoró su currículum, pero a los veintipocos años aún tiene un salario de principiante que no ha conseguido conquistar al suegro.

Los matrimonios concertados pueden convertirse en un problema para quienes no dan el perfil, y ante las negativas familiares, algunos emprenden una fuga épica para casarse con sus amados y reaparecen en casa al cabo de los meses con los hechos ya consumados. La sociedad marca que se debe vivir en pareja y el divorcio aún es una opción minoritaria en la India, por eso los padres acaban por aceptar la decisión. “Si te separas tienes un estigma, algo te pasa”, razona Tarun. “No creo en la separación”, dice rotunda Kalpita.

La edad correcta para celebrar una boda está entre los veintidós y los veintiséis para las chicas y un poco más tarde para ellos, de lo contrario, pueden aparecer los cuchicheos incómodos: ¿Por qué no encuentra pareja? ¿Tiene algún defecto? Una vez que los novios se han comprometido, el enlace debe celebrarse en el siguiente medio año y no se puede cancelar, o se desatarán también los rumores. Estas son las reglas para los matrimonios arreglados en las zonas más conservadoras de la India, como el estado de Gujarat, aunque hay normas más flexibles en otras áreas y sobre todo en las grandes ciudades. En un país que tiene la población de veintiséis Españas, pocas veces puede asegurarse un patrón general.

Tarun y su prometida no se ven cada día pero hablan por teléfono para conocerse y vivir una breve etapa de noviazgo. Al mismo tiempo, ambos preparan sus estrategias para desplegarlas después del enlace: compran ropas nuevas, pulen sus destrezas, contratan viajes y planean actividades que les ayuden a acomodarse a la vida matrimonial. “Nunca sabes, las bodas arregladas son un juego de azar”, reflexiona Tarun. “El amor es importante, pero si no está ahí, ¿cuál es el problema?”.

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