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Publicado en Berria

Sucursales bancarias sólo para chicas, clases de defensa personal y zapatos provistos de un chip para avisar a la policía en caso de agresión sexual. En la India buscan desde hace varios meses la mejor manera de proteger a las mujeres de las agresiones masculinas. La violación grupal que se produjo en Nueva Delhi el pasado diciembre, que acabó con la vida de la víctima varios días más tarde, ha reavivado la conciencia feminista del país. Desde entonces, todos quieren buscar soluciones para rebajar las malas estadísticas.

“Los abusos contra las mujeres son comunes y generales”, asegura Moumita Chaterjee, de 27 años y nacida en Calcuta. “En mi ciudad, procuro no salir por la noche o hacerlo acompañada. Las situaciones incómodas con los hombres son habituales y las violaciones se producen con mucha frecuencia”, dice.

Su afirmación puede comprobarse en la prensa del país, donde aparecen noticias relacionadas con agresiones sexuales varias veces a la semana.

“El incidente de Nueva Delhi no fue un suceso aislado, pero conmocionó a la India por su brutalidad”, explica Pratibha Pandya, una activista que trabaja desde hace más de veinte años en la Asociación de Mujeres Autoempleadas de Ahmedabad (SEWA, en sus siglas en inglés). A mediados de diciembre, seis hombres secuestraron un autobús en la capital india y asaltaron a una estudiante de fisioterapia de veintitrés años que viajaba con su acompañante. Ella fue torturada, violada y ambos arrojados del vehículo en marcha. Cuando la joven falleció en el hospital varios días después, el país entero ya se había levantado en manifestaciones que también tuvieron eco fuera de sus fronteras.

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Foto: Ana Torres

Desde entonces, el Gobierno de Manmohan Singh ha trabajado para modificar la legislación penal india en los crímenes que afectan a las mujeres. Sus deliberaciones se han apoyado en un comité especial liderado por el ex presidente del Tribunal Supremo, que aceptó el encargo de estudiar y plantear reformas en las normas que se aplican a los delitos de violencia sexual.

Algunas de sus propuestas se han incorporado a la nueva ley, que fue aprobada en el Parlamento la tercera semana de marzo. Entre ellas, endurecer las penas para violadores o eliminar del lenguaje jurídico la expresión ‘acoso sexual’ y sustituirla por ‘violación’, cuyo significado recoge mejor el concepto de agresión contra la mujer. A partir de ahora también se castigará con mayor dureza a los acosadores, a los voyeurs y a quienes cometan ataques con ácido.

Algunos organismos internacionales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han protestado contra la nueva ley porque contempla la pena de muerte para los agresores en los casos más extremos: si el asalto deriva en muerte o deja a la víctima en estado vegetativo permanente. El comité de magistrados desaconsejaba implantar la pena capital y en su lugar proponía la cadena perpetua.

Otras propuestas se han quedado fuera del proyecto del Ejecutivo y su ausencia se ha criticado con profusión, como el hecho de no reconocer como delito las violaciones ocurridas dentro del matrimonio. Tampoco se ha eliminado la protección que ampara a las fuerzas del orden si cometen una agresión sexual. Cuando uno de sus miembros atenta contra una mujer, no se le juzga con las leyes ordinarias. También se discute si las personas con cargos políticos deben gozar de privilegios en los tribunales.

La activista Pandya considera que la batería de leyes que ha preparado el Gobierno no garantiza el bienestar de las mujeres: “Es un primer paso, pero todavía no se ha materializado”, explica. “Me alegro de que aprueben nuevas leyes y de que los hombres las teman, pero en Europa existen normas todavía más duras y aún así se cometen delitos graves. La clave está en la educación masculina”.

El Ejecutivo indio también ha prometido crear un fondo especial dotado con diez millones de rupias (alrededor de 140.000 euros) para invertirlos en protección, pero no ha detallado qué programas concretos se elegirán. La idea se ha bautizado como ‘Fondo Nirbhaya’, uno de los muchos nombres con los que se conoce a la joven agredida en Nueva Delhi, cuya verdadera identidad no se ha hecho pública.

Los presupuestos generales contemplan otra partida del mismo importe para crear un banco nacional que sólo tendrá empleadas y clientes de sexo femenino. La idea se suma a otros servicios exclusivos para mujeres como taxis o autobuses, que algunos ven como iniciativas que fomentan todavía más las diferencias entre géneros: “No es necesario resguardar a las mujeres en ambientes protegidos especialmente para ellas, sino permitirles compartir servicios y espacios comunes con los hombres sin temer por su seguridad”, publicaba el periodista  Jug Suraiya en el diario ‘The Times of India’.

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Foto: A.T.

La violación de Delhi también ha hecho aflorar decenas de productos orientados a la mujer, como las aplicaciones móviles. Cualquier dueña de un smartphone puede descargar ‘Stay Safe’ (Mantente segura) o ‘Sentinel’ (Centinela), dos programas que trabajan con localizadores GPS. Las usuarias sólo deben configurar su agenda con una lista de personas a las que recurrir en caso de emergencia y pulsar el botón indicado si se ven en apuros. El teléfono enviará mensajes de alerta y las coordenadas geográficas del lugar donde se encuentran.  

Los zapatos pueden ser otro arma de protección que han inspirado proyectos similares, como el de implantar un chip en la suela para mandar señales de alarma. Su funcionamiento es simple: tres golpes de tacón y el dispositivo envía mensajes de socorro a cinco números de teléfono sin que el agresor se percate.

El inventor, un ingeniero de veintiséis años llamado Purshottam Pachpande, declaraba a la revista ‘India Today’ que busca productores de calzado con los que asociarse para comercializar su idea. “No todo el mundo puede portar armas. Las mujeres necesitan un dispositivo que siempre vaya con ellas y que sea fácil de utilizar en caso de ataque”.

En el país también se habla de espráis de pimienta y de clases de defensa personal. Una encuesta realizada por la Fundación para el Desarrollo Social de Assocham (ASDF, en sus siglas en inglés), revelaba que tres de cada cuatro empresas consultadas han aumentado el presupuesto para proteger a sus empleadas. Ahora muchos jefes no sólo pagan por las clases de autodefensa, también ceden las plazas de aparcamiento más seguras, programan los viajes de sus asalariadas en las horas centrales del día y las eximen de trabajar en los turnos de noche.

Pero no todas gozan de estas ventajas. Varias mujeres indias de distinta procedencia dieron su opinión sobre el concepto de seguridad física en un taller organizado por SEWA a principios de año. Para sorpresa de algunos, la mayoría no pidió nuevas técnicas de lucha o armas de defensa: muchas necesitaban lidiar con su entorno cercano.

“La seguridad física de las mujeres empieza en casa, con los hombres que viven con ellas. Las chicas deben tener un trabajo, unos ingresos y así ganar un sitio dentro de la sociedad”, explica Rehana Riyawala, secretaria de la asociación. En caso de problemas, no todas tienen la libertad de poder denunciar una agresión sexual: “En las zonas más conservadoras de la India aún se les pide a las mujeres que callen y oculten este tipo de agresiones”, asegura Riyawala.

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Foto: A.T.

La violencia machista es un problema con decenas de afluentes, entre ellos restricciones en el modo de vestir, en la posibilidad de trabajar y hasta en la forma de interactuar con los hombres. “El poder siempre está en manos masculinas y nosotras estamos por debajo”, declara Neena Parikh, de treinta y nueve años. Ahora es ama de casa, pero de joven imaginaba que a su edad tendría una carrera profesional y hablaría varios idiomas.   

Una encuesta de la oficina nacional de estadística de la India revela que entre los treinta y los cuarenta y cuatro años,  el 67% de mujeres en áreas rurales y el 77% en zonas urbanas trabajan como amas de casa. La principal razón esgrimida: ‘ningún otro miembro de la familia se ocupa de estas tareas’.

Tras la boda, muchas chicas abandonan sus empleos para cumplir con el rol que se espera de ellas, esto es, ocuparse de las labores domésticas, cuidar a los hijos y procurar el bienestar del esposo. “Las mujeres que tienen un trabajo fuera de casa necesitan el consentimiento de su familia y de su pareja”, explica Parikh. “En general, los maridos prefieren que nos quedemos en casa”.

¿Y cuál es la manera de conseguir avances? “El cambio va a llegar, pero muy poco a poco. Mi vida ya está acabada”, lamenta Parikh. “Hay que lavar bien la cabeza de los hombres. Como cuando hago la colada”, dice entre risas, y añade: “Las mujeres indias queremos respeto, derechos y libertad”.

Su hija Shivani está a punto de cumplir diecisiete años y se queja porque no puede vestir camisetas de tirantes. Vive en Ahmedabad, una de las urbes más seguras de la India en las clasificaciones. Las razones para otorgar esta etiqueta chocan ante los ojos europeos: las chicas pueden conducir libremente por la ciudad, vestir vaqueros y camisetas o pasear solas por la noche. En otros puntos de la India, estos comportamientos pueden entrañar riesgos.

Mientras el país busca la manera de proteger a las mujeres, los acusados de la violación de Nueva Delhi esperan en prisión a que se celebre el juicio. Hay muchos ojos pendientes de saber cómo se resuelve el caso y, sobre todo, de cómo se materializan todas las leyes,  promesas y declaraciones surgidas a su alrededor. De ello depende el bienestar de más de quinientos ochenta millones de mujeres en la India, el segundo país más poblado del mundo.

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