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Publicado en Vicepresidencia.

Compararse en secreto con el vecino es una tendencia imposible de domar ─¿quién es más alto, quién es más listo, quién es más guapo?­─.   Eso sí: proclamar luego en voz alta, sin empacho, que el otro está peor dotado que tú es un modo cruel de saltarse las reglas de cortesía básica y de herir sensibilidades. Pero en cuestiones internacionales, mire usted, las normas son otras.

Hablemos de la crisis. España no es Grecia ­─todos lo sabemos, todos lo decimos­─. Los políticos lo recuerdan y los demás hacemos nuestro ese mantra tranquilizador. Tengo la sospecha ­─oh, desconfiada de mí─ que la comparación entre españoles y griegos tiene mucho de arrogancia y poco de análisis sesudo, porque las tasas de malestar ciudadano no parecen tan distintas. Eso sí: la posición importa y cada uno debe guardar la suya. Grecia siempre ha sido el país de atrás, el que nos seguía en las encuestas europeas, y ahí debe mantenerse. Como en la cola del pan, a nadie le gusta que se le cuelen.

Y si las cosas se ponen aún más feas Mariano Rajoy nos calma por SMS: “Aguanta, España no es Uganda”, le escribió al ministro de Economía el día que éste negociaba por enésima vez el rescate. No sé si Luís de Guindos contestó al mensaje; los aludidos lo hicieron rápido: ¡Pues claro que no, Uganda tampoco es España! Y si no le importa, presidente, no frivolice con África ni haga comparaciones peyorativas, le vinieron a decir en forma de vídeo en YouTube y de mordaz trending topic en Twitter.

Puestos a mirar, lo que no somos, de ninguna manera, es uno de esos países que terminan en un sufijo que suena a pobre ─¿Uzbekistán, me dices?─. Internet guarda en sus archivos un vídeo llamado Españistán, una virguería satírica del dibujante Aleix Saló que explica las causas de la crisis. La historieta ilustra cómo la bacanal de créditos, hipotecas y pisos por doquier ha dejado a muchos españoles con menos de lo puesto. Sólo le encuentro un pero al final del vídeo: “Descubrimos, de pronto, que éramos pobres. Y que esto no era España, sino Españistán”, anuncia una voz mientras un robusto toro Osborne muta en vaca famélica.

No importa quiénes sean los griegos. Ni lo que les pase a los ugandeses. Ni cómo es la vida en esos países que suenan a muy pobre. Nuestro único problema es que el mundo tiene un orden y no queremos perder la posición. Eso sí: los demás, que se apañen.

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