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Fátima Hassoun es de Marruecos, hace catorce años que vive en Barcelona y cree en las sumas. Para ella, la independencia es una resta.

Publicado en Wikidiario.

Fátima Hassoun (40, Marruecos) llegó a Barcelona en 1999 y tardó dos años en descubrir que en su nueva ciudad se hablaban dos idiomas. Su castellano era tan básico que si no descifraba un cartel o no comprendía una conversación lo achacaba a su falta de destreza con la lengua. Hasta que matriculó a su primera hija en la guardería muchos meses después y confirmó lo que sospechaba: que en Catalunya había más de un idioma.

Ahora su vida es un batiburrillo de expresiones. Fátima habla un castellano perfecto y presume del nivel B3 de catalán. De puertas para adentro podría decirse que, en general, ella y su marido hablan en árabe y sus dos hijas contestan en castellano, pero esta regla tiene múltiples fugas, porque todos mezclan términos en varios idiomas. “Hay palabras que mis hijas (10 y 12 años) solo saben decir en catalán, como el nombre de algunos pájaros. No se lo preguntes en castellano o árabe, porque no lo conocen”, asegura.

Este verano, de visita en Marruecos, las hijas de Fátima se encontraron con otras niñas que, como ellas, viven en Europa y vuelven al pueblo de vacaciones. “Como no todas hablaban árabe, se comunicaban en inglés entre ellas, ¿Te lo puedes creer?”, cuenta sorprendida. A medida que pasan los años, a la familia Hassoun le crecen los idiomas.

La suma

Fátima es muy marroquí y muy catalana, no porque ella así lo diga, sino porque sus expresiones la delatan: “nosotros, los catalanes”, dice cuando habla. Se siente barcelonesa y de Trinitat Vella, su barrio desde que llegó a España, y le gusta participar en la vida social de la ciudad: es mediadora intercultural y suele participar en encuentros, charlas y otras actividades que organiza el Ayuntamiento. “Es curioso, cuando estoy en Barcelona añoro Marruecos y cuando estoy allí me acuerdo de Catalunya”.

– Claro, eres mitad y mitad.

– No, soy la suma – responde rápida.

La suma. Es un concepto recurrente para Fatima y al que acude para hablar de la independencia: “Creo que la separación sería un error. Lo mejor es sumar, unir fuerzas. La separación suele implicar una pérdida para las dos partes”, opina. Según su análisis, la presión por el idioma ha producido la explosión independentista. “En los colegios debería hablarse el catalán. Yo invito a los españoles a hablar catalán. Si se da importancia a la cultura del otro, éste no se siente deprimido y se evitan los agravios”.

En su opinión, la crisis de la economía es otra de las chispas que ha avivado el deseo nacionalista y que afecta a varios niveles: “Primero los españoles culpan a los extranjeros de la crisis y piden que se vayan. Ahora los catalanes señalan a los españoles y quieren que se marchen también”. Fátima equipara la economía a una casa familiar: “El que más dinero gana más tiene que contribuir. Bueno, aunque es posible que deba tener algún privilegio extra”, sopesa.

─ ¿Y cuál es la solución?
─ El diálogo entre madrileños y catalanes.
─ ¿Y crees que es posible el diálogo político?
─ No lo sé -ríe-. Igual soy un poco fantasiosa.

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