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Publicado en Wikidiario.

Jorge Vásquez tiene olfato para las crisis. Y para meterse en ellas. Este peruano de cuarenta y cinco años se ríe cuando recuerda que salió de su país para establecerse en Argentina en los noventa y allí se topó con los aprietos del corralito. Hizo las maletas y emigró a Catalunya en el 2002. Seis años después, volvió a encontrarse aquí con una debacle económica.

“Llegué a Argentina cuando cambiaron la moneda austral por el peso y me instalé en España cuando entró el euro”, cuenta. Quién sabe si su paso por Barcelona le depara una vuelta a la peseta. O quizá a otra divisa.

Jorge simpatiza con las últimas reivindicaciones nacionalistas que se han despertado y es un convencido del argumento económico: “La mayoría del dinero sale de acá, de Catalunya. La independencia iría bien para mover la economía y que hubiese más trabajo”, considera. En caso de referendo, optaría por el sí, aunque desconfía del uso que están haciendo los políticos de las peticiones separatistas: “Las utilizan para apaciguar la crisis social. Se están dando cuenta de las protestas que hay en la calle y quieren entretener a la gente”.

Prueba de catalán

Como tantos otros, Jorge es de los que afirman entender el catalán pero no hablarlo. “Lo mío es trabajar cada día como albañil”, se disculpa. Cada varios años pasa por el trámite administrativo de renovar sus papeles y entonces le hacen una pequeña prueba de idioma, un momento que vive sin angustia: “Bueno, está bien, para que no se pierda la lengua”.

Sí recuerda la escolarización de su hija como un proceso difícil porque la colocaron en un curso inferior al que le correspondía cuando llegó a Barcelona. Tenía seis años y ahora, con dieciséis, quiere estudiar veterinaria. Acaba de empezar bachillerato y habla perfecto el catalán. “Hasta atiende así el negocio de alimentación de su hermano”, apunta su padre. Su otro hijo, que llegó a Catalunya con diez años, ha optado por otras salidas profesionales.

La conversación cambia de tercio y Jorge discute con su compañero de trabajo, Jordi Benavent, sobre la forma de nombrar las letras b y v. “Como no hay diferencias en la pronunciación entre ésta y ésta – y dibuja a brochazos dos grandes caracteres en la pared que ambos están pintando- en Perú las llamamos igual”.

– Mira que sois raros- le contesta su compañero.

Jorge recoge la broma y pregunta: “Si se independiza Catalunya, ¿qué va a pasar con nosotros, los extranjeros?”. Él no cree que la independencia pueda conseguirse. En su opinión, demasiados años de batalla y pocos resultados. “¿Tú crees que habrá independencia?”, inquiere varias veces. “Avísame por si tengo que irme, para preparar la maleta”.

Jorge no quiere volver a Perú de forma permanente. Se siente ajeno a lo que encuentra allí. “La gente ya no es la misma, allí no me conoce nadie”. Si falla el trabajo en España querría regresar a Argentina, pero de momento mantiene su trabajo como albañil en la misma empresa donde empezó hace diez años. Ahora rehabilita unas terrazas con su cuadrilla en el barrio de Poble Sec y espera que en algunas semanas les adjudiquen una obra de envergadura en Vilanova i la Geltrú. Si el proyecto no sale adelante, quizá peligren algunos puestos de trabajo dentro del negocio.

En medio de la conversación suena el teléfono y contesta su compañero. Es el jefe. Una pequeña discusión y cuelga. Entonces anuncia jocoso:

– Jorge, ya puedes darle caña a la pintura. Si no, el jefe te manda para Perú sin billete de vuelta.

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