Home

Publicado en Wikidiario

Discutir una ley que pone trabas al uso que los usuarios hacen de Internet es siempre un asunto espinoso. Pero todos los eurodiputados que intervinieron en el debate celebrado en Bruselas el 21 de junio a propósito del Acuerdo Comercial Antifalsificación (ACTA, en sus siglas en inglés) encontraron un punto en común en sus posturas: que el comité de Comercio de la Eurocámara hubiese rechazado el ACTA ese día se convertía en una victoria para los ciudadanos por encima de los intereses de la industria y de las instituciones. “Nos hemos topado con un compromiso paneuropeo”, afirmaba con sorpresa la eurodiputada del grupo Demócrata-Liberal Marietje Schaake, en alusión al movimiento de oposición ciudadana que ha despertado el tratado en varios países de la Unión.

El acuerdo antipiratería se discutía desde 2008, pero entró formalmente en la agenda de la Unión Europea el pasado mes de enero, cuando un representante de la UE y veintidós países miembros –entre ellos, España- firmaron el tratado. Su objetivo: defender los derechos de propiedad intelectual frente a las falsificaciones. Su debilidad: haber cruzado la finísima línea a partir de la cual se menoscaban los derechos del internauta.

Alrededor del tratado ACTA se ha gestado en Internet un movimiento de protesta que, liderado por Polonia y seguido en otros países de Europa, ha traspasado las pantallas y ha tomado la calle en forma de manifestaciones. En España ha tenido menos eco, pues los activistas han librado la batalla en clave nacional oponiéndose a la Ley de Economía Sostenible, también conocida como Ley Sinde en referencia a la ex ministra de Cultura.

Leer antes de firmar

Los puntos más controvertidos del tratado ACTA amenazan con lesionar algunos derechos básicos del internauta, como la privacidad y la adecuada protección de toda la información sensible que circula en la web. También coarta las posibilidades de desarrollo de los negocios online y obliga a los proveedores de acceso a Internet a ejercer de vigilantes que supervisan la actividad de los usuarios. Aunque menos contestados, el acuerdo también tiene varios capítulos dedicados a controlar las patentes que afectan a los medicamentos y al comercio de semillas.

Como consecuencia de las protestas, varios países han decidido plantarse y dar marcha atrás a la firma del acuerdo ACTA. En Polonia, tras varias jornadas de quejas, el primer ministro se vio obligado a enmendar el error prometiendo un debate en profundidad del nuevo tratado, algo que no se había hecho al firmarlo. También el Parlamento Europeo ha tenido que leer con mucha más atención un texto que pocos esperaban tan polémico cuando empezó a negociarse. “Es la primera vez que la Unión Europea rechaza un acuerdo de comercio internacional. Los ciudadanos europeos nos han dado una lección”, explicaba Niccolò Rinaldi, europarlamentario por el grupo Alianza de Demócratas y Liberales.

En opinión de varios eurodiputados, el tratado ACTA ha conseguido atraer hacia las cuestiones europeas a dos grupos que suelen quedar al margen: los menores de 25 años y los países del Este. “Siempre se alude a estos países para hablar de sus dificultades para integrarse en la Unión Europea, pero ahora han sido ellos los abanderados del movimiento de protesta”, explicaba la eurodiputada del grupo Verde Amelia Andersdotter.

El rechazo del acuerdo ACTA por parte del Comité Internacional de Comercio no es el final del proceso. Al tratado antipiratería le queda un último asalto en julio, cuando se celebre la votación definitiva en el Parlamento de Bruselas. Para ese día se esperan pocas sorpresas, pues el veredicto del comité de Comercio es una decisión de peso: suya era la responsabilidad de liderar el proceso de reflexión sobre el ACTA y su posición coincide, además, con la postura de otros cuatro comités consultivos que han opinado sobre el tratado. Si el texto no pasa el trámite, perderá su vigor en los países europeos que lo han firmado.

Buenas preguntas, malas respuestas

A pesar del rechazo del tratado, el portavoz del comité de Comercio en lo referente al ACTA, David Martin, dejó claro que su grupo es favorable a regular los derechos de los creadores de contenidos: “Hemos votado contra el ACTA porque la ley no es clara en sus definiciones, no porque estemos en contra de la propiedad intelectual”. Como expresaba la eurodiputada Schaake, “El acuerdo ACTA plantea las preguntas adecuadas, pero las respuestas que ofrece no parecen ser las correctas”.

El representante de la Comisión Europea en el debate, Anders Jessen, lamentaba la decisión tomada: “Si el Parlamento Europeo descarta el tratado, corremos el riesgo de mandar el mensaje de que en Europa no se protegen los derechos de los creadores”. En un auditorio lleno de periodistas, Jessen confraternizó con el público utilizando la crisis de la prensa para ilustrar los problemas derivados de la falta de regulación en la web. Para cerrar su argumento, puso un ejemplo que evidencia los conflictos que se generan en Internet: “¿Cuánto se tarda en descargar una novela de trescientas páginas? Con una línea de alta velocidad, no más de cuarenta segundos”. Una práctica común que dilapida en un par de clicks la remuneración de aquél que ha gestado la obra.

Los grupos de presión que trabajan en Bruselas en favor de los creadores de contenidos auguran pérdidas millonariaspuestos de trabajo destruidos si no se aprueba el tratado. Frente a ellos, los sectores favorables a la navegación libre señalan nuevas oportunidades de negocio: “Hay estudios que demuestran que los usuarios que más descargan música son también los que más compran. Y los que más asisten a conciertos”, expuso en el turno de preguntas un miembro de La Quadrature du Net, una de las plataformas más implicadas en el rechazo al ACTA.

La eurodiputada Andesdotten, que en Suecia milita en el Partido Pirata, abrió nuevas vías de trabajo en materia cibernética. Abogó por convertir Europa en un referente del uso abierto de la web y pidió que se aproveche el debate del ACTA para resolver la dispersión de leyes digitales que rigen en la UE. No todos los países siguen los mismos parámetros legales, lo que dificulta la tarea de emprender un proyecto digital que traspase fronteras.

El tratado ACTA ya lo han suscrito EEUU, Australia, Canadá, Japón, Corea del Sur, México, Marruecos, Nueva Zelanda, Singapur y Suiza. Aunque su aventura europea acabe en julio tras la votación en el Parlamento, el acuerdo proseguirá su camino internacional al margen de Europa.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s