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Al antiguo cuartel de bomberos de Poble Sec, en Barcelona, hace tiempo que le crecen los pretendientes. Desde que perdió su uso original hace una década, ha tenido ocupantes esporádicos, pero ahora dos candidatos firmes compiten por establecerse: un colegio colindante, con graves problemas de espacio, y un grupo de bomberos que luchan por proteger un inmueble que consideran histórico. Dos aspirantes con propuestas muy loables pero que, sobre el terreno, necesitan menospreciar el proyecto del contrincante para poder existir. 

“Fíjate en esta clase. Si los niños de esta fila se levantan de su silla, se chocan con los de atrás”. Así empieza la visita al colegio Mossèn Jacint Verdaguer, de la mano de su directora, Núria Lacasa, quien recorre los pasillos mostrando al visitante todas las aulas que se le han quedado pequeñas a la escuela. El colegio es un centro público que ocupa el solar contiguo al antiguo cuartel de bomberos, ubicado en el barrio de Poble Sec, una zona obrera de la ciudad de Barcelona. Este año tiene más de cuatrocientos niños matriculados en educación infantil y primaria, con edades que van de los tres a los doce años.

Entre los muros de esta escuela todo funciona como un puzzle en el que los docentes tienen que encajar más piezas de las que es posible colocar. Aulas que antes tenían un solo uso se han dividido en dos partes para que rindan el doble: la biblioteca también es clase de ciencias; la de religión comparte estancia con la de educación especial; la sala reservada al AMPA es a su vez el aula de acogida, donde se ayuda a los niños extranjeros que se acaban de incorporar al sistema educativo español a seguir el curso que les corresponde. Según los últimos datos de los que dispone el Ayuntamiento, un 32% de los habitantes del barrio de Poble Sec vienen de fuera, en su mayoría de Pakistán y Marruecos.

A la escuela le falta un gimnasio, una cocina, un aula de música amplia y despachos para los profesores, pues a base de ceder rincones, los lugares que tienen para preparar las clases o celebrar reuniones se han reducido. “La jefa de estudios tiene un despacho que comparte con los servicios externos y que todos los maestros se rifan para atender a los padres cuando los niños están en clase, porque no quedan otros sitios libres”, explica la directora. Los departamentos de Dirección, Secretaría y Administración son tres mesas encajadas en una habitación que resulta insuficiente.

Algunos profesores han instalado mesas en los pasillos a modo de despacho improvisado, pero allí no siempre se puede atender a las visitas. Jordi Goñi, profesor de la escuela, pone un ejemplo: “Con cuatrocientos niños, siempre hay alguna situación delicada que requiere un espacio íntimo para que padres y profesores se expresen con tranquilidad”-y continúa- “tenemos verdaderos problemas para dar una atención personalizada a las familias que vienen a hablar de sus hijos”.

Inmigrantes y ordenadores

El colegio Jacint Verdaguer no se construyó para ser escuela. Es un antiguo edificio de oficinas que se reconvirtió en 1931 y que hoy necesita más metros para poder adaptarse a los tiempos. Primero, tiene que afrontar el aumento de población del barrio: en Poble Sec se han instalado muchas familias inmigrantes en los últimos años y ahora hay más niños que solicitan plaza en el centro. Además, la escuela también necesita habilitar aulas para asignaturas que antes no se cursaban, como la informática, o que ahora necesitaban espacios adaptados, como la música o los idiomas.

Algunos profesores han instalado

mesas en los pasillos a modo de despacho

“Hoy muchos niños se quedan a comer en el colegio y antiguamente se iban a casa porque había menos mujeres que trabajaban”, añade Lacasa para explicar por qué la escuela también necesita un nuevo comedor. El que ahora tiene ocupa un pasillo, bajo un techo de cristal que concentra demasiado calor en verano y que aísla mal del frío en invierno.

Todo funciona a plena capacidad, pero con las necesidades actuales, el espacio se les queda pequeño. Por eso el colegio Jacint Verdaguer pide al Ayuntamiento la cesión del antiguo cuartel, para ofrecer a los niños una educación más desahogada.

Un edificio único

La Plataforma de Defensa del Patrimonio Histórico de los Bomberos de Barcelona (PDPHBB) es el otro protagonista en esta contienda y también incluye a los niños en una de sus propuestas para convencer al Ayuntamiento de que son ellos quienes merecen instalarse en el cuartel. Se oponen a la petición de la escuela y abogan por convertir el edificio en un parque de la prevención, un centro polivalente que sirva para reflexionar sobre los incendios y no estrictamente para apagarlos. Un espacio donde bomberos y empresas puedan intercambiar opiniones y en el que además se impartan talleres para enseñar a niños y mayores a evitar el fuego.

También quieren el edificio para instalar un museo con objetos centenarios que el cuerpo atesora desde hace años y en cuyo inventario figuran antiguas bombas de vapor, carros extintores de tracción animal, cascos, mangueras y otros materiales de valor que ahora no tienen ubicación estable.

En realidad, todas las propuestas comparten un objetivo: conseguir que el antiguo cuartel se mantenga en sus manos para que puedan preservar en su estado original un edificio que, por sus características arquitectónicas, consideran único en la ciudad y patrimonio de los ciudadanos.

El cuartel se construyó para la Exposición Universal de Barcelona de 1929 y fue el primer centro de bomberos que se proyectó pensando en las necesidades específicas del cuerpo. Hasta entonces habían ocupado locales concebidos para otros usos, por eso este primer parque nació con espacios novedosos como una sala de máquinas, una torre de prácticas o un patio exterior que ningún cuartel de la ciudad había tenido hasta el momento. Ochenta años después, todo el conjunto se conserva en buen estado.

“Nosotros decimos que el cuartel tiene mucho valor, pero no somos expertos, así que pedimos al Colegio de Arquitectos de Barcelona que lo valorara en un informe”, cuenta el presidente dela PDPHBB, Antoni Galilea. El dossier llegó a finales de 2010 y los bomberos se amparan en él para pedir a las instituciones que declaren el cuartel inmueble protegido.

Decisiones que cambian

El Ayuntamiento de Barcelona es el árbitro principal de esta disputa, y los bomberos de Barcelona han tenido con él más de un desencuentro: en mayo de 2010 el Consistorio derribó otro de sus parques históricos, situado en la calle Provenza, para ampliar las instalaciones de un hospital. Fue entonces cuando se organizaron. “Creamos una plataforma con un objetivo: defender nuestro patrimonio. Una vez perdido el parque de Provenza, nos quedaba el de Poble Sec”, insiste Galilea, convencido de que si al final es la escuela quien se lo queda, necesitará hacer obras que desvirtúen la arquitectura original del cuartel.

El caso dio un vuelco en el año 2007, cuando el Consistorio de la ciudad, entonces socialista, se decantó por la escuela y le concedió el cuartel. La cesión no era inmediata, porque varias oficinas dela Policía Nacional lo ocupaban de forma provisional mientras se construía un edificio nuevo para albergarlas. Ha pasado el tiempo, las obras siguen y, entre tanto, se han celebrado elecciones municipales en el mes de mayo. Con el cambio de gobierno en el Ayuntamiento de Barcelona, que ahora es de Convergencia y Unión (CiU), todos los implicados saben que las concesiones que se hicieron con el anterior alcalde pueden cambiar.

“Las decisiones que se tomaron en un momento pueden ser reconsideradas con otros criterios”, se lamenta la directora del colegio. “A nosotros el correr del tiempo nos ha venido muy bien para que se acabara la legislatura y entrase otro equipo de gobierno con el que se pudiera hablar empezando de cero”, confiesan, por su parte, los bomberos.

Ellos, de hecho, anticiparon la jugada y apoyaron públicamente al candidato de CiU en las elecciones municipales. “Apostamos mucho por Xavier Trias y por el cambio, porque la prepotencia de los últimos consistorios con nosotros ha sido grande”, dice el vocal de PDPHBB, Salvador Ferran. La presión dio sus frutos y el actual alcalde recogió la petición de los bomberos en su programa electoral.

Ochenta años después,

todo el conjunto se conserva en buen estado

Seis meses después de las elecciones, el Ayuntamiento no se ha decantado por ninguno de los dos proyectos y mantiene una posición esquiva e intencionadamente ambigua sobre la resolución de este conflicto. Desde la oficina del regidor del distrito confiesan que hasta que la Policía no abandone el cuartel “el calendario no empezará a apretar”. Será entonces cuando se aplique una solución “que contente a todas las partes”.

Dos millones de euros

Una posible salida para satisfacer a todos es levantar un edificio extra para la escuela en el solar que tiene detrás, propiedad del gran complejo municipal Feria de Barcelona. Esta es una de las soluciones que defienden los bomberos y que han explorado por su cuenta, pero presenta varios escollos: en primer lugar, el terreno es una entrada de camiones a la Feria. En una carta remitida a los bomberos, los responsables explican que ceder metros puede ocasionarles “dificultades importantes” en su actividad, pero aún así manifiestan su “afán de colaborar para estudiar soluciones”. Como organismo municipal que son, dejan la decisión en manos del Ayuntamiento, por lo que la cuestión vuelve al origen.

El segundo problema es económico. Según una estimación hecha porla PDPHBB, levantar un edificio complementario que cubra las necesidades de la escuela cuesta dos millones de euros. Este gasto debe contemplarse teniendo en cuenta los recortes del gobierno catalán: en los presupuestos de Educación para 2011, elaborados en julio, la partida destinada a la construcción de nuevos colegios fue la que más cayó, con una reducción  de un treinta por ciento con respecto a las cuentas anteriores.

Desde la escuela no se oponen a la opción intermedia de levantar un edificio nuevo, pero piden que la solución escogida llegue rápido. Su intención no es ganar un espacio para conservarlo siempre, sino disponer de él mientras lo necesiten. Cuando se les pregunta por una cesión temporal del cuartel, responden que no está en sus manos decidir.

 “Hoy las cosas son de una manera, pero conocemos escuelas que han cerrado porque en un momento dado ha dejado de haber niños. A seis años vista podemos prever, pero no podemos saber lo que pasará dentro de más”, dice Jordi Goñi. La directora del colegio es más tajante: “Decidir el tipo de cesión que necesitamos no depende de nosotros. Si se hacen obras en el cuartel para ampliar la escuela y en un momento dado el Ayuntamiento dice que va a bajar la natalidad… ¿Quién sabe a la larga? Ni podemos ni nos toca prever a nosotros. Son las autoridades quienes tienen que valorar la natalidad y los flujos migratorios para prever las necesidades de espacios y escuelas en Cataluña”, argumenta.

Un cuerpo fuerte

Los bomberos están seguros de que sus reivindicaciones han hecho mella en los poderes públicos e interpretan la indefinición del Consistorio como una señal de que las cosas se están replanteando. Se saben un cuerpo fuerte, apreciado por los ciudadanos y con muchos contactos. Se han movido y han explotado sus opciones con habilidad, por eso esperan que la resolución final les sea favorable.

En el colegio aguardan con muchas dudas y poco optimismo el veredicto del Ayuntamiento, porque creen que han jugado la partida con desventaja. “No podemos hacer grandes campañas de marketing ni dedicarnos a hacer contactos, porque nuestro trabajo es ser maestros.  Somos trabajadores públicos y hemos puesto en manos de nuestros jefes la grave situación que vivimos. Ellos son los que tienen que ponerse de acuerdo, esto no es una escuela privada”, argumenta Lacasa.

Ambas partes son capaces de entender las razones del contrario, pero en la lucha para ganarse el favor del Ayuntamiento, todos desmerecen la opción del contrincante. Los maestros entienden la importancia de defender el patrimonio y los bomberos saben que, en un colegio sin espacio, los niños no están bien atendidos. A pesar de las razones que unos y otros esgrimen, todos asumen que la decisión final puede reducirse a una pregunta: ¿personas o  patrimonio?

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